La muerte de Julen como espectáculo

¿Por qué esa profusión? ¿Cómo es posible que tantos millones de personas dediquen horas y horas a querer saber del suceso, a hablar y especular sobre lo ocurrido?

Mientras, el fascismo capitaneado por Trump intentaba un nuevo golpe en América Latina y los poderosos se reunían en el Foro Económico Mundial de Davos para darle otra vuelta de tuerca a los trabajadores. Cosas sin mucha importancia.

Hace siglos los romanceros recorrían los pueblos de este país con noticias-sucesos que ocurrían en tierras lejanas. Algo así como un telediario de la época. La mescolanza del morbo y la curiosidad ha sido siempre una buena fórmula para atrapar la atención de los espectadores (sean estos del siglo que sean).

La noticia de la caída en un pozo de un niño de dos años con el resultado triste y lamentable de su fallecimiento, ha copado Falsimedia con una virulencia y abundancia de espacio que a seguro provocará análisis en cualquier reunión donde se elaboren tesis sociológicas-psicológicas-comunicativas.

¿Por qué esa profusión? ¿Cómo es posible que tantos millones de personas dediquen horas y horas a querer saber del suceso, a hablar y especular sobre lo ocurrido? ¿Quién sabe que los teléfonos contratando publicidad para los intermedios del caso echaban humo, y que las empresas “periodísticas” han hecho de la tragedia de Julen y su familia una fuente de ingresos?

La tragedia (ajena) como negocio. El diseño de lo que es noticia y lo que no.

Las cortinas del teatro que oculta la realidad hay que cuidarlas.

Mientras, el fascismo capitaneado por Trump intentaba un nuevo golpe en América Latina y los poderosos se reunían en el Foro Económico Mundial de Davos para darle otra vuelta de tuerca a los trabajadores. Cosas sin mucha importancia.

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