Marruecos: ¿amigo o enemigo?

¡Cuidado, mucho cuidado con el vecino del Sur!

 

“En tiempos de desolación no hacer mudanza”. La famosa frase atribuida a San Ignacio de Loyola y que figura en la Quinta Regla de la Primera Semana de sus Ejercicios Espirituales, aunque en principio iba destinada al ámbito religioso y espiritual de los creyentes hace ya tiempo que se abrió camino en el acervo cultural y popular de la sociedad civil que la ha tomado desde entonces como referencia y norte para todo tipo de actuaciones personales que influyen y determinan la vida diaria de millones de personas. Aunque es cierto que la aventurada reflexión de San Ignacio habla exclusivamente de una “desolación” anímica centrada en el más allá, al extrapolarse su pensamiento a la vida diaria de una sociedad en permanente cambio e inmersa cada día más en decisiones personales ciertamente arriesgadas, la citada palabra ha venido siendo sustituida por otras como “incertidumbre” “tribulación” o “crisis”. Todas ellas creo yo vienen a decir lo mismo a día de hoy. 

¿Y a que viene esta cita socioreligiosa de San Ignacio, se preguntará ya de entrada algún avispado lector, en un artículo que, dado el título que presenta, parece querer analizar la profunda y peligrosísima crisis (de momento solo diplomática) que enfrenta en estos días a España con su incómodo vecino del Sur? Pues paso de inmediato a explicarme.

 

Marruecos, sus gobernantes y en especial sus reyes, con toda seguridad conocen el axioma ignaciano pero lo han actualizado en orden a sus intereses y lo han suplantado por otro: “En tiempos de desolación, debilidad o crisis en el Estado español… nosotros a lo nuestro, a sacar la mayor tajada posible de tal circunstancia mediante los órdagos y las amenazas que sean necesarias” El primero que lo utilizó, sin ser rey todavía solo jefe supremo de las Fuerzas Armadas reales y prometedor heredero de la corona alauí, fue Hassan II quien aprovechándose de la brutal crisis económica por la que atravesaba España en 1957 (ese año el IPC se saldaría con un 15% de subida y la nación hacía tiempo que se debatía en una posible suspensión de pagos que finalmente podría ser controlada mediante el famoso Plan de Estabilización de 1959) dio la orden de atacar con miles de soldados sin distintivos del Ejército marroquí (él los llamó con el cinismo que caracteriza a la estirpe alauí, “irregulares”) y activistas del partido nacionalista marroquí “El Istiqlal” las guarniciones españolas de Ifni, cercando por sorpresa a la mayoría de ellas y consiguiendo de un régimen franquista que hacía aguas por todas partes y que en las circunstancias económicas en las que se debatía no podía ni pensar en sostener una guerra larga, un humillante armisticio tras perder en muy pocas semanas el 80% del territorio y dejar sobre el terreno dos centenares de muertos.

 

El citado armisticio, dentro de una larga situación de guerra estabilizada de trincheras frecuentemente “animada” con tiroteos por ambas partes y operaciones silenciosas de golpes de mano y arriesgadas acciones de inteligencia militar (algunas de éstas realizadas a lo largo del segundo semestre de 1958 por el que esto escribe como comandante de  la Sección de Asalto del Batallón Expedicionario Tetuán 14), duraría hasta el año 1969 en el que, por fin, el Gobierno español haría “retrocesión” a Marruecos del exiguo hinterland de la capital, Sidi Ifni, que con diez kilómetros de perímetro todavía mantenía en su poder.    

 

Por otra parte, la larga y olvidada guerra de Ifni desatada a finales de 1957 tras la invasión de diez mil combatientes marroquíes del antiguo Ejército de Liberación nacional, de las propias Fuerzas Armadas reales y de activistas del Istiqlal, tendría su continuación (al astuto Hassan no se le escapaba nada) mucho más al sur, en el Sahara Occidental, donde fuerzas de la Legión española convenientemente apoyadas por el Ejército francés de guarnición en la vecina Argelia, abortarían un intento de invasión similar a la del norte, dejando eso sí sobre el terreno un centenar de bajas mortales como consecuencia de varias emboscadas tendidas  por los rebeldes infiltrados.

 

Pues después de las acechanzas bélicas propiciadas  en la década de los años cincuenta por nuestro “amado” país del sur dirigido de facto por Hassan II (amado por el sinvergüenza del ahora denominado rey  emérito que no se cortaba un pelo en tildar de “hermano” al sátrapa alauí y la mayoría de gobernantes españoles que siempre perdían el culo en acudir como vasallos a Rabat a rendir pleitesía en cuanto subían al poder), al ya rey de los creyentes y descendiente de Mahoma (según él ) Hassan II le vendría coma agua de mayo en 1975 la enfermedad mortal del dictador español, señor Franco Bahamonde, para implementar su nuevo y magistral órdago contra la nueva provincia española del Sahara occidental, la denominada “Marcha Verde”, una macro invasión del desértico territorio a cargo de unos 300.00 civiles y 25.000 soldados de las FAR pensada, planificada, organizada, financiada y apoyada logísticamente en su ejecución por EE.UU y, en concreto, por la Secretaría de Estado norteamericana capitaneada por el inefable Henry Kissinger.

 

 La cosa terminó, como terminó, y no voy a extenderme en sus prolegómenos y en su ejecución y desarrollo pues todo ello es bien conocido por los ciudadanos españoles, aunque ciertamente no es así en relación con algunos de sus pasajes más singulares e importantes de cara a sus graves consecuencias no despejadas a día de hoy, como el despreciable pacto secreto auspiciado por el entonces príncipe de España y jefe del Estado en funciones, Juan Carlos de Borbón, con Henry Kissinger a través de su enviado Prado y Colón de Carvajal para ceder incondicionalmente el vasto territorio sin pegar un tiro (traicionado descaradamente al propio Ejército español y en general a la nación española) en evitación de una guerra que podía suponerle la pérdida de su corona antes de ceñirla.

 

Pues voy a terminar este pequeño relato, aunque todavía podía seguir analizando situaciones no tan graves pero igual de determinantes, en relación con la cínica, chantajista y permanente actuación de los reyes marroquíes sobre la base de la “tradicional amistad y cooperación” con España. Que los lleva a tomarnos el pelo diplomática y políticamente más y mejor, a torear una y otra vez a nuestros dirigentes, a amenazarnos descaradamente con ir a la guerra si no nos bajamos una y otra vez los pantalones (que solemos hacer bastante bien sin ningún miedo al ridículo) y en una palabra a quitarnos lo que es nuestro. España no puede seguir siendo absolutamente débil y cobarde con nuestro vecino del sur. Debe reaccionar y ocupar el puesto que le corresponde como potencia mediterránea y sur europea. “La debilidad, amigos, siempre ha sido y siempre será muy mala consejera”

 

 

                                            Madrid, 10 de junio de 2021.

                                 Fdo: Amadeo Martínez Inglés, Coronel, escritor e historiador.

 

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