Las guerras como sino de la humanidad.

Por Víctor Arrogante. 

Estamos en tiempo de crisis, tras meses de creciente tensión, todo parece que podría haber guerra en Ucrania. El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, cree que Rusia invadirá Ucrania y advierte a Vladimir Putin, de que se arrepentirá si lo hace. Rusia niega que busque invadir Ucrania. Existen precedentes para tomar en serio las amenazas; Rusia ya se anexionó la parte ucraniana de Crimea en 2014. 

La amenaza de guerra entre Rusia y Ucrania ha irrumpido en la política española después de que la ministra de Defensa, Margarita Robles, ofreciera a la OTAN el envío de cazabombarderos al Ejército del Aire a Bulgaria ante una posible invasión de la antigua república soviética. Desde Unidas Podemos, no esconden su profunda preocupación y hacen un llamamiento a reforzar una vía diplomática, que contribuya a la desescalada, exigiendo un alejamiento de los intereses estratégicos de EEUU. 

España no puede convertirse en una avanzadilla europea de un conflicto bélico de consecuencias imprevisibles, y que sería algo difícilmente explicable a la opinión pública por parte de una coalición progresista en el Gobierno. Por su parte, Pablo Casado ha anunciado que el PP apoya el envío de tropas españolas al conflicto de Ucrania si así lo solicita la OTAN: Si la alianza atlántica pide el desplazamiento de buques de la Armada, o un despliegue aéreo o de tropas, nosotros lo apoyaremos. 

Escribía en 2014: En Ucrania, el gobierno de Kiev contra los independentistas del este. Con la ayuda inestimable de la OTAN de EEUU, pretenden mayor influencia en la zona, en perjuicio de Rusia, que también, sin decirlo, apoya a los prorrusos ucranianos. Casi 500 muertos −la mayoría población civil− desde que comenzó el conflicto hace cinco meses. Todo por intereses económicos y posición geoestratégica en beneficio de los poderosos y EEUU reconociendo que ha sacado las pruebas contra Rusia por las redes sociales. Se dice, que en una base de Polonia, la OTAN almacena armamento, preparándose para una operación militar contra Rusia. 

Se han cumplido más de cien años desde que estalló la Primera Guerra Mundial. Desde entonces no han parado: guerras mundiales, civiles, locales, regionales, de agresión o de defensa; de religión, ideológicas, coloniales, de clase y económicas, del petróleo, contra la droga, informáticas, contra el terrorismo, el independentismo o contra insurgentes; guerras relámpago o interminables, sin cuartel, abiertas, sin declarar o declaradas; hasta guerra fría ha habido, porque calientes lo son todas. 

En esta ocasión, se calcula que Rusia ha acumulado 100.000 soldados a lo largo de su frontera con Ucrania en los últimos meses. Putin ha planteado varias exigencias de seguridad a Estados Unidos antes de retirar sus fuerzas militares. La lista de Putin incluye la prohibición de que Ucrania entre en la OTAN, y el acuerdo de que la OTAN retire tropas y armas en gran parte de Europa del Este. Putin considera a Ucrania como parte de la esfera de influencia de Rusia, un territorio, más que un Estado independiente, lo que le ha llevado a intentar bloquear la entrada de Ucrania en la UE y la OTAN. 

 El apoyo militar a Ucrania y las sanciones políticas y económicas son formas en las que Estados Unidos puede dejar claro a Moscú que habrá consecuencias por su intromisión en un país independiente. El riesgo es que el Kremlin emprenda otras acciones militares y políticas que amenacen aún más la seguridad y la estabilidad europeas.

Por su parte la Unión Europea esta dispuesta a sancionar con rapidez a Rusia en caso de que vuelva a realizar un ataque contra Ucrania, como hizo ya en 2014 con sustanciosas medidas restrictivas económicas. La situación actual, con miles de tropas rusas preparadas junto a la frontera ucraniana, supone el reto más grave para el orden de seguridad europeo desde principios de los años 90, desde el final de la Guerra Fría. Y en estas entra España en conflicto. 

España no se queda al margen de una hipotética operación militar contra Rusia si así lo decide EEUU, a pesar de los recelos que esa opción despierta en el socio del Gobierno. El ministro de Asuntos Exteriores, UE y Cooperación, José Manuel Albares, ha asegurado que aún no ha llegado ese momento pese al incremento de la tensión en la zona y ha defendido dar una oportunidad al diálogo, que no a una negociación. España, asegura el ministro, estará con los aliados europeos y de la OTAN, recordaando a Unidas Podemos que es Pedro Sánchez quien fija la política exterior. Desconocemos la posición del PSOE sobre el conflicto. 

El ministro Albares ha tenido tres obsesiones desde que llegó al cargo: dar prioridad a las relaciones con Marruecos para mejorarlas tras un año especialmente difícil; visibilizar un entendimiento entre el presidente norteamericano, Joe Biden, y el propio Sánchez, con motivo de la organización española de la cumbre de la OTAN en los días 29 y 30 del próximo mes de junio; y por último, que el presidente se luzca en el semestre de presidencia española de la UE, en el año 2023. 

La reacción de los socios de Gobierno no se ha hecho esperar. Irene Montero, ministra de Igualdad, fue la primera en apelar al espíritu del «No a la guerra» y criticar la sobreactuación de Robles. Por su parte, el secretario de Estado de Agenda 2030, Enrique Santiago, ha pilotado buena parte de las negociaciones con el ala socialista del ejecutivo por parte de Unidas Podemos. Además, desde este espacio político también se ha impulsado junto a otros cinco grupos parlamentarios del Congreso la firma de un manifiesto conjunto llamando a la desescalada verbal y a la apuesta por la diplomacia europea como forma de solventar la crisis entre Estados Unidos y Rusia. 

El «Manifiesto por la paz y para evitar una nueva guerra en Europa: desescalada y diálogo, no envío de tropas ni armamento a Ucrania«, resalta que el conflicto solo puede resolverse a través del diálogo, la distensión y el convencimiento de que la paz es el único camino. Añade, «La Unión Europea debe evitar verse arrastrada y formular propuestas concretas de desescalamiento que eviten un conflicto que perjudique gravemente a Ucrania y a toda Europa». Los firmantes afirman que no podemos permitir que nos encierren en un viejo esquema de Guerra Fría. También inciden en su respeto a la «soberanía de los pueblos» y su rechazo a «las amenazas militares de un país a otro estado soberano, así como cualquier cambio de frontera por la vía de la agresión militar. 

La UE necesita una política europea de seguridad basada en la democracia, los derechos humanos y el desarrollo económico justo. Eso pasa también por acelerar la transición ecológica con energías limpias por el bien del planeta y para evitar depender de otros países. Y pasa también por trabajar por tener una relación independiente en política exterior, basada en nuestros propios valores e intereses, con EEUU, Rusia y China. 

No son los intereses del pueblo los que están en juego. No se respetan las declaraciones de derechos humanos, ni los tratados internacionales. Las Naciones Unidas, que se constituyeron para evitar las guerras, no cumplen con su propósito. El cinismo de muchos dirigentes no tiene precio; no se les cae la cara de vergüenza, porque no tienen vergüenza. Pese a todo hay que seguir en el empeño contra las guerras, aunque algunos estemos convencidos de que es como clamar en el desierto; y si no que se lo pregunten al pueblo saharaui que sigue sufriendo. 

El «no a la guerra» que recorrió el mundo entero en 2003 aún resuena en las calles. Por esa razón, ahora más que nunca es el momento de actuar en favor de la paz, el diálogo y la distensión. Para Podemos, la UE debería tomar un rol de mediador entre las posturas de EEUU y Rusia. Esto pasa por actuar rápida y decididamente. En primer lugar, por impulsar las fórmulas y foros para lograr una solución a los conflictos de Ucrania, según los Acuerdos de Minsk II de 2015; negociados entre Francia, Alemania, Ucrania y Rusia y respaldados por EEUU y las Naciones Unidas. Unos acuerdos avalados por la hoja de ruta establecida por la Resolución 2022 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas: la desmilitarización, el restablecimiento de la soberanía ucraniana, incluido el control de la frontera con Rusia, y la autonomía de un Donbás desmilitarizado e integrado en Ucrania, garantizado por un tratado internacional.

Ante las guerras pasadas, activas y larvadas, en tantos países y numerosas zonas del mundo que las sufren o están al borde del conflicto bélico, maldigo a la guerra, sus señores y sus ejércitos. Maldigo a los gobiernos canallas que ordenan y provocan y a quienes se benefician de la destrucción y del dolor inocente. Maldigo a los que trafican con armas, particulares y gobiernos indecentes por dinero y a quienes las compran para matar. Parece como que si al principio de la humanidad, alguien hubiera dicho: ¡anda y a ver si os matáis los unos a los otros! Desde entonces la guerra es su sino. 

Rechazo frontal al envío de tropas españolas a la zona en conflicto. Podemos, Izquierda Unida, En Comú Podem, Alianza Verde, Bildu, BNG, CUP, Más País-Equo, Compromis, y yo con ellos, instan a desescalar la tensión y redoblar los esfuerzos diplomáticos, para impedir la guerra, así como cesar los planes para que Ucrania ingrese en la OTAN, acordándose medidas de garantía que satisfagan a todas las partes y defender los derechos humanos. No hay camino para la paz; la paz es el camino. 

 

Víctor Arrogante, profesor y analista político.

 

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