Nada que celebrar, vamos a luchar.

Cuando nacemos con un sexo que no elegimos y al que se le atribuyen una serie de sesgos sociales que no entendemos y que nos marcarán para el resto de nuestra existencia, no tenemos nada que celebrar, vamos a luchar.

 

Cuando crecemos sin referentes femeninos que nos impulsen a ser lo que queramos ser, que nos marquen un camino que existe pero que el patriarcado oculta una y otra vez. Cuando ni en la escuela ni en la calle se habla del empoderamiento y de la posición de la mujer en igualdad. Cuando nuestra infancia se desarrolla en un mundo creado por y para hombres, no tenemos nada que celebrar, vamos a luchar.

 

Cuando iniciamos relaciones afectivas en el único espacio que nos han enseñado, el espacio del heteropatriarcado. Cuando él tiene plena libertad y tú no sientes ni tus alas. Cuando nos dicen que “ellos son así” y no pasa nada, no tenemos nada que celebrar, vamos a luchar.

 

Cuando un grupo de desalmados se creen con el derecho de violarnos y arrancarnos la vida, no tenemos nada que celebrar, vamos a luchar.

 

Cuando se cuestiona absolutamente todas nuestras decisiones. Cuando decidimos avanzar en nuestra carrera somos oportunistas y unas desentendidas del núcleo familiar. Cuando decidimos no engendrar, somos egoístas, nuestro útero deja de ser personal y se convierte en cuestionamiento internacional. Cuando decidimos que la maternidad no será el centro de nuestra existencia, somos malas madres. Cuando nos quedamos en casa, en un papel sumiso y cuidador, nadie nos juzga porque nadie nos ve. Cuando ocurre todo esto no tenemos nada que celebrar, vamos a luchar.

 

Cuando no morimos, sino que nos matan, no tenemos nada que celebrar, vamos a luchar.

 

Cuando el estado exprime que las personas dependientes serán atendidas fundamentalmente por nosotras las mujeres y deja de lado el desarrollo de políticas públicas, no tenemos nada que celebrar, vamos a luchar.

 

Cuando el burka es la expresión más radical de la invisibilización; cuando la mutilación femenina sigue siendo una práctica habitual; cuando las mujeres son mercancía, trata y explotación; cuando sufrimos más consecuencias de conflictos bélicos sin sentido; cuando la mitad de la población somos menospreciadas, nos son arrancados los derechos humanos más fundamentales y somos asesinadas por el mero hecho de haber nacido mujeres, estamos ante una situación de terrorismo de género por el que no vamos a celebrar, vamos a luchar.

 

 

Por un 8 de marzo reivindicativo y de lucha.

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