República para frenar el Tripartito de la Reconquista

Èric LLuent

La irrupción de Vox en el Parlamento de Andalucía debe interpretarse como una última señal de alarma antes de que el Gobierno de España caiga en manos de la extrema derecha, con la unión del aznarismo desacomplejado de Pablo Casado, el nacionalismo populista de Albert Rivera y el neofranquismo de Santiago Abascal. La España más oscura, heredera sin ruptura de aquella que acabó con las aspiraciones democráticas de la Segunda República, está a un paso de hacerse con la mayoría del poder legislativo, con el control del poder ejecutivo y, por consiguiente, con la capacidad de diseñar las altas instancias del poder judicial. El peligro para la ya debilitada –o jamás fortalecida– democracia española es real y, además, se da en un contexto global de auge de la derecha alternativa impulsada por líderes como Donald Trump, Matteo Salvini o Jair Bolsonaro.

Si algo define el discurso de la nueva derecha surgida en la presente década es la incorrección política y la caída de todos los tabúes propios del establishment anterior al colapso financiero de 2008. El estilo Trump, que siendo presidente de Estados Unidos publica comentarios en Twitter como lo haría un troll anónimo de la alt-right, ha revolucionado el lenguaje de las derechas conservadoras en todo el mundo, especialmente en sociedades con pasados dictatoriales. Que el líder más poderoso del mundo insulte a periodistas, desprecie a las mujeres o deshumanice a los inmigrantes sin ruborizarse es una credencial de autoridad de valor incalculable para los partidos de extrema derecha que llevan décadas trabajando por presentarse ante la sociedad como opciones legítimas dentro de los sistemas democráticos. Leer el resto de esta página »