El pasado 21 de junio el Tribunal Supremo revisó el “caso de la manada”, en el que según el TSJ de Navarra los cinco agresores habían cometido un delito de abuso sexual a una joven de 18 años, el 7 de julio de 2016 en Pamplona; y dictó una sentencia histórica y esperada, 15 años de condena para los violadores, puesto que no había sido abuso, sino violación, como el movimiento feminista gritó insistentemente en estos tres años.
La violencia sexual, una realidad aún oculta.
Estamos satisfechas por haber ganado esta importante batalla, pero debemos de ser conscientes de que nos queda una larga lucha por delante. Junto a esta noticia, nos encontramos el Informe de Geo Violencia Sexual que evidencia que desde el año 2016 se han dado a conocer 104 agresiones sexuales múltiples en el Estado español. De estos 104 casos, el 24,4% de los agresores y una de cada tres víctimas son menores.
La violencia sexual es real y forma parte de la vida, del dolor y del drama de muchas niñas, jóvenes y mujeres adultas. Se produce en muchos lugares, en la calle, en casa, en fiestas, en centros educativos, en descampados, en ascensores, en instituciones, en situaciones de reclusión…; de noche y de día; por personas desconocidas y por conocidas, familiares, gente cercana, compañeros de trabajo, jefes…; por una persona o en grupo.
Hablar de violencia sexual es hablar de una forma patriarcal de entender la sexualidad y la relación de hombres y mujeres, de una masculinidad hegemónica que se otorga una supuesta disposición del cuerpo de las mujeres, en la que no cuenta nuestros deseos y nuestra voluntad.
A esta realidad se añade la violencia institucional que sufren las mujeres que se atreven a denunciar la violencia sexual. Lamentablemente, en demasiadas ocasiones, el paso de las víctimas por el sistema judicial suele producir, invariablemente, efectos tan dolorosos como los que se derivan directamente de la agresión, con lo cual se añade una victimización secundaria. En ella influye también, de forma notable, el tratamiento mediático de estos casos. El morbo y el sensacionalismo, la ausencia de contextualización de la noticia y de perspectiva de género en su tratamiento, la falta de respeto a las víctimas, a su intimidad y a sus derechos, persiguen más un objetivo sensacionalista que un interés por sensibilizar a la sociedad ante esta realidad. Leer el resto de esta página »



En Coslada, los principales partidos no tienen reparo en mostrar sus vergüenzas, que no son pocas. Dirigentes políticos del PP y del PSOE se encuentran involucrados en asuntos que van desde investigaciones importantes coordinadas por la Audiencia Nacional como el 






¿El "desastre de Chernóbyl" pudo haber sido provocado por un ataque del enemigo americano?