Cuando supo que la iban a fusilar aquel 8 de marzo de 1940, Vicenta Mena Mahiques, de 28 años, decidió como último gesto de orgullo ante sus asesinos ponerse sus mejores zapatos. Sabía que nadie recordaría su nombre, pero tenía la esperanza de que un día, muchos años después de su ejecución, alguien encontraría sus restos amontonados y confundidos con los de otros ajusticiados como ella, solo por pensar diferente de sus verdugos, y repararía en aquel par de zapatos con los que defendió la dignidad que le arrebataban con su asesinato.
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Revista Nº44 marzo-abril 2022

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l comentario ya lo he enviado
Buenos dias, Leo vuestros correos cada vez con mucha atención. Hablando de callas limpias ( que lo que le voy…
La pregunta es: ¿quién daría esa orden? ¿Un general o coronel en la reserva? Evidentemente, no.















¿El "desastre de Chernóbyl" pudo haber sido provocado por un ataque del enemigo americano?