Pascual Serrano
La polémica en torno al nombramiento del Consejo de RTVE, y especialmente de su presidencia, merece alguna reflexión sobre el papel de la izquierda y los trabajadores de la Corporación.
La discusión comienza con un acuerdo entre PSOE y Unidos Podemos para proponer a Andrés Gil tras discutir sobre las opciones de Arsenio Escolar y Ana Pardo de Vera. Todos ellos son personas de trayectoria profesional valiosa e independiente. Tienen ideología de izquierdas, nadie lo oculta y en su derecho están, como cualquier profesional, desde un juez a un médico, y no por ello se debe presumir que actuarán con menos rigor en su profesión.
Es entonces cuando, tanto desde los trabajadores de la Corporación como desde otras opciones políticas, comienzan las críticas a todos ellos y, en especial, al nombre elegido por consenso, Andrés Gil. Los trabajadores afirman que el presidente debería formar parte de RTVE, algo que, en mi opinión, no tiene ninguna justificación. En la historia de RTVE, solo uno de los presidentes, Jordi García Candau, formaba parte de la plantilla. No se elige al director de Correos de entre los carteros, ni se busca al director de la Guardia Civil en los cuarteles. Los trabajadores son representados por sus delegados sindicales y estos podrán tener un papel en el Consejo, sin ninguna duda. Creo que algunos no somos sospechosos de ignorar el papel de los trabajadores, pero el presidente de RTVE ejerce su labor pensando en todos los ciudadanos, no representa a los trabajadores de RTVE ni hay razón para que deba salir de entre ellos. Otra cosa son los cargos intermedios, jefe de informativos incluido, que parece razonable que salgan de la plantilla y con el visto bueno de ella.
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