José María Calleja
Ha empezado la cuenta atrás para que los restos mortales de Francisco Franco salgan del Valle de los Caídos, el lugar que el dictador soñó como su lugar de enterramiento recién terminada la Guerra Civil, cuando además pensaba en acuñar pesetas con su cara y la leyenda: Caudillo de España por la Gracia de Dios.
La decisión del Gobierno de Pedro Sánchez, explicada con detalle por la vicepresidenta Carmen Calvo, habla de exhumar los restos del dictador “con urgencia porque vamos tarde”.
Desde luego que más de cuarenta años desde de la muerte del dictador es tiempo más que suficiente como para sacarlo cuanto antes de Cuelgamuros. El decreto Ley que permitirá la exhumación tiene un plazo de doce meses, que espero que no se lleguen a agotar, aunque solo sea para que se clausure la letanía de franquistas que niegan que aquello fuera una dictadura y ensalzan al individuo que inauguró su régimen fusilando y lo concluyó fusilando, el 27 de setiembre de 1975, dos meses antes de morir con sus heces fecales en forma de melena, según atestiguó el equipo médico habitual. Leer el resto de esta página »

En las últimas semanas estamos asistiendo a una nueva vuelta de tuerca en relación a la exhumación de los cadáveres de Franco y de Primo de Rivera del Valle de los Caídos. Una decisión adoptada por el Ejecutivo de Pedro Sánchez que ha levantado ampollas y reacciones de todos los calibres. Desde el tan manido “no abrir heridas del pasado” o “es la historia y quieren borrarla” hasta la propia movilización de los nostálgicos del franquismo para que no se muevan los restos del dictador allí depositados.
Hay unos muros en la céntrica plaza madrileña de la Puerta del Sol que esconden mucho dolor y sufrimiento. Impertérritos llevan ahí desde 1912 testigos de la crueldad humana. Silenciados por una Ley de Amnistía que los invita a seguir acallados. Porque lo que no se cuenta, no ocurrió.
“No son los títulos los que honran a los hombres, sino que los hombres honran a los títulos” y “no es preciso que un príncipe posea todas las virtudes citadas, pero es indispensable que aparente poseerlas”, dejó escrito Nicolás Maquiavelo, el autor de ‘El príncipe’, considerado uno de los primeros “manuales” del Estado moderno. Sin embargo, los gobiernos de países occidentales con monarquía rehúsan preguntar a sus ciudadanos qué opinan sobre esos aspectos de sus reyes ¿Por qué? La respuesta es un enigma.





A ver si un día reconocen el asesinato de mio tío Guillermo Martínez Orejas que asesinaron en Coslada en Mayo…