
En Francia, en Alemania… en general en Europa, tienen claro que en los ámbitos de la política están los demócratas, por un lado, y la extrema derecha por otro, y que esta última es representante general de todo lo negativo de una sociedad: machismo, racismo, xenofobia, aporofobia, homofobia y sembradores de la inquina y el odio. La propia Merkel, nada sospechosa de izquierdista, afirmó en el mismísimo Parlamento alemán que “… expresar una opinión tiene sus costes, pero la libertad de expresión tiene sus límites. Esos límites comienzan cuando se propaga el odio. Empiezan cuando la dignidad de otra persona es violada… Esta cámara debe oponerse al discurso extremista. De lo contrario, nuestra sociedad no volverá a ser la sociedad libre que es”, dijo.
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