Madrid exige a Dragados 5 millones más por la L7: el hormigón se derrite bajo los andenes

La cuenta suma y sigue. El Gobierno regional presidido por Cristina Cifuentesva a presentar una nueva reclamación de daños y perjuicios por valor de cinco millones de euros contra la constructora Dragados, propiedad de ACS, por los trabajos que se siguen realizando en la línea 7B de Metro para estabilizar la zona situada bajo los andenes de las estaciones. Esta cantidad se añade a los 15,1 millones que la Comunidad de Madrid ya ha reclamado a Dragados por el coste de las complejas obras realizadas durante 2016, que provocaron el cierre de este tramo de la línea, que conecta la capital con el municipio de San Fernando de Henares.

La línea se reabrió totalmente el pasado 3 de diciembre, pero algunos trabajos se siguen realizando por la noche. La Consejería de Transportes está estabilizando la zona que hay debajo de los andenes, ya que el hormigón que los sustenta no es el adecuado para unos terrenos que sufren de continuas filtraciones de agua. De hecho, según explican fuentes de la consejería, el hormigón debería ser compacto, impenetrable, “pero se puede meter un dedo y sacarlo, es inestable”. Por eso se están realizando inyecciones de un nuevo hormigón, más resistente, en las mamparas que separan “los bajo andenes”.

Es un trabajo muy complicado, que implica que los técnicos se tengan que meter en agujeros que a veces no llegan al metro de altura. La consejería incluso sopesó congelar los bajo andenes, pero el coste de mantenimiento era muy alto. Cuando terminen estos trabajos, la comunidad reclamará a Dragados el gasto que ha conllevado, en torno a los cinco millones. A mediados de noviembre, el Ejecutivo autonómico le impuso una primera sanción de 15,1 millones por las obras ya realizadas y terminadas, que Dragados se ha negado a pagar. El asunto ha acabado en los tribunales.

La prolongación de la línea 7 del metro fue ejecutada por el Gobierno de Esperanza Aguirre entre los años 2003 y 2007. El proyecto se dividió en tres tramos, aunque el que ha dado problemas es el tercero, entre Coslada y San Fernando de Henares, con una longitud de 6,65 kilómetros y seis estaciones, una de ellas intercambiador. Aguirre inauguró los tres tramos el 5 de mayo de 2007 (con una paella para 2.000 personas y un concierto de Antonio Carmona incluido), 22 días antes de las elecciones autonómicas. Dragados se llevó la adjudicación de dos de los tres tramos por 220 millones de euros. El Ejecutivo de Cifuentes tiene claro que la constructora dirigida por Florentino Pérez es la responsable de los vicios ocultos detectados tras las obras.

Los primeros problemas, en agosto de 2008

Pero los problemas comenzaron enseguida, en agosto de 2008, sobre todo porque el terreno en el que se construyó el último tramo adolece de un problema endémico: filtraciones de agua con alto contenido en sales que afectan al suelo. Metro ha tenido que hacer trabajos en 2008, 2010, 2012, 2013, 2014, 2015 y 2016. De hecho, aún continúan estas pequeñas obras bajo los andenes. “Los trabajos llevados a cabo han servido para reforzar una zona cuya composición geológica es muy irregular. En este terreno se alternan capas de calizas, margas, suelos yesíferos y áreas con sales como la halita, con una gran capacidad de disolución frente al agua, lo que propicia la pérdida de la sustentación del suelo”, explican en Metro de Madrid.

La comunidad está convencida de que Dragados ha sido negligente y que realizó “una deficiente ejecución de las obras”, lo que provocó unos “vicios ocultos” que no se manifestaron cuando se inauguró el tramo, sino después.Los terrenos de la zona contienen arcillas y yesos, en algunos casos con presencia masiva en proporciones superiores al 80%. Estos yesos contienen sales, halita, thenardita y glamberita, de gran solubilidad. Durante la ejecución de la obra, no se tuvo en cuenta la presencia de estas sales, y además se utilizaron cementos sin cualidades sulforresistentes para actuar mejor contra esas sales. Un cóctel peligroso. En definitiva, Dragados no se percató de esas sales en los estudios geológicos del proyecto y encima utilizó materiales que no minimizaban sus efectos.

Para intentar resumir gráficamente lo que ha pasado, esta gran cantidad de sales ha generado cavidades y compactación del terreno, lo que en cierta medida ha retorcido el túnel del metro (en algunos tramos, descendió 10 centímetros). Además, “un deficiente funcionamiento” de las juntas de impermeabilización entre las dovelas del túnel ha hecho que se filtre agua por ellas, perjudicando toda la infraestructura. El Gobierno regional ha tenido que construir un túnel alrededor del túnel, realizando importantes perforaciones de cemento para consolidar y elevar el túnel en algunos tramos. Ahora, terminado ya este trabajo, se está centrando en los andenes. Lo malo es que el terreno es el que es, y los trabajos de control y mantenimiento tendrán que ser continuos.

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