¿POR QUÉ NO TE LARGAS?

                          (Carta abierta a Felipe de Borbón)

 ¡Vete con tu papaíto, muchacho, no lo dejes solo que se pierde…!

 Sí, hombre, sí, ¿por qué no coges tus bártulos ya, vista la situación de crisis generalizada en la que se debate este país, y emprendes con suma urgencia el mismo camino (o similar) que el elegido hace ya algunas semanas por el sinvergüenza de tu señor padre? ¿No ves, pobre muchacho, como está el patio español que se cae a pedazos y que corres el riesgo de que el monárquico chiringuito institucional en el que te cobijas colapse antes de lo que tú piensas y el consiguiente tsunami político y social se lleve por delante y por sorpresa la poltrona que ocupas, obviamente no por deseo de los ciudadanos españoles sino por mandato testicular de Franco y por una de las numerosas piruetas procreadoras de las gónadas de tu pérfido progenitor?

Hazme caso, muchacho de la triste, sosa y antipática figura ¡Vete ya y cuanto antes! Recoge tus bártulos, tu familia, tus perros, tus caballos, tus coches deportivos, tus joyas, tus chequeras, las ridículas fotos de tus locos antepasados con escopeta y peluca empolvada, los numerosos ejemplares del ABC que guardas como oro en paño y que os ponen, a los malditos borbones, por las nubes…  y lárgate antes de que sea demasiado tarde. Esto ya no hay dios que lo arregle, el camelo de la llamada modélica transición no da ya más de sí y no hace falta que te recuerde que tu real persona es la primera de la lista para recibir las hostias que en este país van a caer por doquier como hojas secas en otoño. Sí, sí, a cuenta de la maldita pandemia, la mala gestión de unos gobernantes ineptos, la subsiguiente crisis económica, la mala leche acumulada por todo ello en el cuerpo social español y, faltaría más, por el latrocinio descarado de tu señor padre, el Emérito de marras, el “chupa bragas” que en estos momentos debe estar pasándose por la piedra, con la ayuda de cantidades ingentes de la píldora azul, una tras otra, a las decenas de solícitas huríes presuntamente puestas a su disposición por el gran emir de Abu Dabi. Que, por otra parte, es casi lo único que sabe hacer.

¡Lárgate cuanto antes, amigo Felipe, y perdona por lo de amigo! Imita con prontitud a tu señor abuelo, el borrachín XIII de los alfonsos, y a mi tocayo de Saboya, aquel italiano presumido que tuvo la valentía de poner pies en polvorosa a los pocos meses de estar sentado donde tú estás ahora cuando se dio cuenta que en este país huele a sangre y solo se puede gobernar con un enorme palo en la mano derecha y altas dosis de ejemplaridad y bonhomía en el corazón. Y déjanos a los españoles encauzar nuestro futuro democráticamente, como nos dé la gana, y no con arreglo a las perentorias órdenes testiculares del mentor de tu padre, el deleznable Franquito, que en el año 1947 tuvo la osadía de sacarse de su entrepierna la ilegal e ilegítima monarquía que tú representas en la actualidad y, más tarde, la de nombrar heredero suyo (en realidad, de su golpe de Estado, de su genocidio, de la consiguiente guerra civil con medio millón de muertos y del demencial régimen dictatorial engendrado tras ella) a título de rey ¡toma ya! a tu reprobado y adúltero progenitor. Pero por si no te has enterado bien de lo que te digo ya que, a todas luces, a tus reales neuronas les cuesta cierto tiempo activarse, te repito de otra manera más tajante la perentoria recomendación que acabo de hacerte de “exfiltración patriótica”: ¡Espabila, majestad (lo de majestad es, evidentemente, de coña; para los republicanos la única majestad es la que se fundamente en la inteligencia, el trabajo y la solidaridad) que tú y los tuyos estáis en el ojo del enorme huracán que en los próximos meses va a barrer este país de Este a Oeste y de Norte a Sur como gigantesca ciclogénesis explosiva cargada de resentimiento, cabreo sordo, pobreza extrema y pánico existencial!

De todas formas, llegado a este punto creo que debo pedirte cierto perdón de súbdito reprimido por dirigirme a ti (más que nada para que reacciones cuanto antes y puedas evadirte de la cruda realidad que se avecina y que tú tendrás que vivir en primera persona que para eso estás donde estás y cobras lo que cobras) con un tipo de parlamento familiar, un tanto desahogado y quizá un pelín irrespetuoso porque pienso  que cuadra mucho más con lo que intento decirte y con las enseñanzas que deseo impartirte que otro más protocolario e institucional. Al fin y al cabo, la persona que te habla es un militar con bastantes años más que tú, un escritor, un ensayista, un historiador y, por supuesto…UN REPUBLICANO.  O sea, UN DEMÓCRATA DE VERDAD.     

Y lo primero que voy a exponerte con cierta crudeza, para que de entrada bajes unos centímetros tu autoestima real, es que tú, para mí y para millones de españoles, no eres, ni has sido nunca, rey de España ni nada que se le parezca, por muchas leyes (franquistas) que pudieran así manifestarlo.  Así de claro y así de conciso. Porque tu supuesta realeza y la del “buscacoños” de tu padre se basan en decisiones ilegales e ilegítimas (lo repito una y otra vez, pero es así) tomadas por un golpista rebelde y dictador amparándose en las armas de su Ejército. Y por lo tanto tu actual presencia en la cúspide del Estado es, también, totalmente ilegítima y basada en la artera y asesina rebelión militar de julio de 1936. Como ilegal e ilegítima fue la de tu señor padre durante casi cuatro décadas y ello a pesar de que ambos habéis estado ahí, en la real poltrona de La Zarzuela, catapultados por una Constitución (la del 78) también ilegítima y reprobable puesto que fue auspiciada y redactada por una suerte de personajes franquistas asociados y amamantados en el régimen personal del autócrata gallego. Texto legal, ley de leyes, cuya redacción fue vigilada, mirada con lupa, autorizada, y en algunos de sus artículos (como el 8º.1 relativo a las Fuerzas Armadas) escrito… por la propia cúpula militar franquista del momento Y que a continuación, en diciembre de 1978, para que el franquismo sin Franco se perpetuara en el poder, sería espuriamente presentada al pueblo español para su refrendo, colándole de matute la ilegítima monarquía inventada por el dictador con su titular convertido en una especie de dios redivivo (inviolable e irresponsable) dentro de un paquete legal (lo tomas o lo dejas) angelical y falso que garantizaba, eso sí, a los españoles la democracia más avanzada y una suerte de derechos fundamentales únicos en el mundo. Promesas que ahora estamos viendo cómo se han substanciado.

Por cierto, acabo de decir que el artículo 8º.1 de la Constitución del 78 fue redactado por la cúpula militar del momento y no por el chat de los padres de la Constitución reunidos durante días y días alrededor de una buena mesa en un hotel de lujo de la Sierra de Madrid. Y así fue, y el historiador que suscribe puede dar buen f e de ello porque en ese momento trabajaba como comandante de Estado Mayor cerca de esa cúpula castrense, el Estado Mayor del Ejército. Y el mencionado artículo, lo he repetido hasta la saciedad en conferencias, artículos y libros, debería ser cambiado cuanto antes porque fue redactado así en su día por los propios militares para, ante los cambios en la estructura del Estado que se avecinaban, “blindar” al denominado “poder militar” ante el civil, el político, el futuro Gobierno democráticamente elegido por el pueblo… y poder seguir así ejerciendo un poder fáctico real sobre la política y la ciudadanía españolas. El resultado  debería sonrojar democráticamente hablando a todo el mundo y del que no parecen haberse enterado las fuerzas vivas de este país ya que tal como está puesto negro sobre blanco el mencionado artículo 8º.1 convierte tácitamente al Ejército español en “constitucionalmente golpista” ya que deja en sus manos el actuar discrecionalmente y con todo su poder si su alto mando considera que está en peligro “la soberanía, independencia, integridad territorial de la patria o alguien, aunque sea el Gobierno central, cualquier Autonomía o partido político intenta cambiar su ordenamiento constitucional” Toda un aberración que lleva años y años figurando en nuestra sacrosanta Constitución del 78 a la  que muchos políticos del arco parlamentario español siguen adorando como si de las tablas de la ley divina se tratara. Y no hablo por hablar sobre este desgraciado asunto de una fragante debilidad articular de la ley de leyes, cuasi divina, por la que nos regimos “los súbditos españoles” desde hace más de cuarenta años. Un asunto relacionado con dicho artículo de la Carta Magna ya saltó al Gobierno de la nación, al Parlamento y a los medios de comunicación a raíz de las inconvenientes declaraciones de un capitán general con mando en plaza cuando se presentó en el Congreso de los Diputados para aprobación el famoso “Plan Ibarretxe”. El citado alto militar, que sería amonestado y pasó muy pronto a la reserva por cuestiones de edad, no se cortó un pelo a la hora de decir públicamente que si dicho plan se aprobaba en el Congreso “él sacaba los tanques a la calle” pues según el mandato constitucional las FAS estaban obligadas a defender la integridad de la patria y, por supuesto y aunque esto no lo dijera, el ordenamiento constitucional.

Bueno, sigo con la misiva y perdona, Felipe, rey ejemplar de unos cuantos españoles retrógrados. Venía diciendo que el militarote rebelde y genocida de su propio pueblo, Franco, no era nadie ni tenía potestad alguna, ni en 1947 cuando promulgó (ordenó más bien) la denominada Ley de Sucesión que reinstauraba la monarquía en España, ni en julio de 1969 cuando nombró heredero suyo a título de rey a Juan Carlos de Borbón, para hacer ninguna de las dos cosas. Que el pueblo español, sometido a una férrea dictadura castrense y después de tener que “digerir” la tragedia de medio millón de muertos, otro millón de heridos y centenares de miles de exiliados, no tuvo más remedio que acatar. Resulta meridianamente diáfano para todo el mundo en este país y no digamos para la historia, que el autócrata medio analfabeto que dirigía la nación española en esos años de manera totalmente cuartelera, ilegítima e ilegal, después de rebelarse contra el poder democráticamente elegido por el pueblo español y auparse al poder sobre la sangre de millones de españoles, era un total usurpador, un advenedizo, un rebelde, un delincuente, un genocida, un militar sanguinario, un traidor a su patria ya su pueblo… y, por lo tanto, sin ningún poder, ni legal, ni legítimo, ni político, ni, por supuesto, social o democrático, para reinstaurar la monarquía española que había sido abolida legalmente por la II República española. Ni mucho menos aún, para nombrar a dedo a Juan Carlos de Borbón como futuro rey de España saltándose a la torera cualquier supuesto derecho dinástico de su padre, Juan de Borbón. En consecuencia, tanto el presunto delincuente de tu señor padre, amigo Felipe, que no ha tenido ningún reparo en reinar indebidamente durante casi cuarenta años en este país después de traicionar a su progenitor pasándose esos supuestos derechos dinásticos por su asquerosa bragueta, (y al que has debido reprobar y expulsar de España), como tú mismo, su hijo y heredero, no habéis sido ni legal ni legítimamente reyes de nada. Desde luego, de España no, tal vez de los Emiratos Árabes Unidos (EAU, por sus siglas en español), por mucho que las circunstancias de este país y, sobre todo, las ansias del franquismo (del que los dos habéis formado parte) por perpetuarse en el poder os han allanado indebidamente vuestro atrabiliario camino.

Y ya para terminar, rey de atrezzo” franquista, me gustaría que me respondieras a unas preguntas muy personales que me queman el alma de investigador e historiador: ¿Qué coño (con perdón) haces todo el día en tu palacete de La Zarzuela? ¿No te aburres “soberanamente”? ¿En qué empleas tu tiempo? ¿No se te alargan los días y las noches un montón?… Porque tu señor padre, presuntamente, se distraía mucho el pobre (lo de pobre, es un decir porque siempre ha estado forrado el tío, sobre todo desde que ayudó altruistamente a  construir el suburbano a La Meca) contando billetes de 500 euros con una maquinita ad hoc, cazando un día sí y otro también desde perdices a elefantes, visitando a sus amiguitas del alma y del cuerpo en todo tipo de alojamientos desde cigarrales en Toledo a cortijos en Andalucía, alegrándose el espíritu en  resorts de lujo en cualquier parte del mundo, navegando el muy bribón a toda vela en su idem… etc, etc.  Pero tú, que parece ser huyes de todos estos pasatiempos reales, aunque nadie sabe de verdad tus secretas aficiones ¿qué haces de provecho además de viajar últimamente por todos los pueblos de España, gratis total, con la única servidumbre intelectual de levantar una y otra vez el brazo derecho al estilo cuasi nazi y moviendo la mano derecha rítmicamente como si te estuvieras despidiendo de tus súbditos desde el último vagón de un tren inexistente, en una estación también inexistente y con un destino seguramente inexistente? ¿Lo hacéis así, tú y tu pareja, como ensayo para cuando tengáis que salir pitando de La Zarzuela rumbo a Cartagena? No, no me contestes, hazlo después de la publicidad o mejor aún… me pones un email desde Abu Dabi cuando te reúnas allí con el carota del Emérito.

Por cierto, menudo sitio se ha buscado tu papaíto para exiliarse el muy golferas. Con harenes operativos (cien mujeres, mínimo) en cada esquina. Está claro que este hombre no escarmienta. Con la que está cayendo en este país y él a lo suyo: ¡Vino y mujeres a todo trapo…!                           

Fdo: Amadeo Martínez Inglés

                               Coronel. Escritor. Historiador   

 

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