¿Es inevitable una III Guerra Mundial?

La reciente cumbre Putin-Biden en Ginebra un total fracaso. Las tensiones entre EE.UU/OTAN y Rusia/China pueden traspasar en cualquier momento la línea roja del enfrentamiento militar.

 

“El rápido cambio en el balance de poder entre dos potencias rivales causa una inexorable tensión estructural letal que lleva inexorablemente a la guerra”.

 Tucícides (historiador y militar ateniense), «la guerra del Peloponeso» siglo V a.C.

                                                                       

El cambio en la dirección del mundo parece acercarse a pasos agigantados, amigos, a pesar de pandemias, crisis y demás problemas cotidianos de todo tipo que nos acechan como ciudadanos de a pie. El imperio norteamericano, en larga decadencia en todos los órdenes, lleva años viendo surgir ante él un claro competidor que, a través de un poder militar, tecnológico, económico, financiero y comercial en alza imparable, aspira a ocupar su puesto. Este nuevo competidor no es otro que la alianza geoestratégica y geopolítica que tanto Rusia como China han sabido estructurar en un nuevo y avasallador “Imperio Euroasiático”, enemigo claro y mortal de Occidente.

 

Las proféticas palabras del historiador de la Antigüedad Tucícides lanzadas en su famoso libro “La Guerra del Peloponeso” que acabo de rescatar  y plasmar líneas arriba, han sido recientemente avaladas por un estudio de historia aplicada de la Universidad de Harvard en el que tras analizar dieciséis casos históricos ocurridos en los últimos cinco siglos llega a la conclusión de que en doce de ellos las dos grandes potencias rivales acabaron efectivamente en guerra, lo que equivaldría a un 75% de probabilidad; porcentaje que este investigador, después de bucear a fondo tanto en los dieciséis casos descritos como en el consiguiente dictamen universitario, se permite elevar al 90% tras comprobar que en tres de los casos estudiados y que dieron resultado negativo hubo circunstancias extrañas que impidieron el conflicto armado a pesar de la clara predisposición a él que evidenciaban sus protagonistas.

 

Pues con estas premisas históricas a cuestas, amigos, la respuesta a la importante pregunta que encabeza este trabajo se torna mucho menos compleja, más cerca de la afirmación más rotunda y categórica, más acorde con la realidad que cada minuto que pasa vive cualquier experto investigador de la geopolítica internacional. El mundo actual, el mundo del siglo XXI, al igual que lo ocurrido en épocas pasadas con distintas civilizaciones e imperios, estaría a un paso de intentar resolver la tirante situación política en la que se debaten tanto la potencia decadente a nivel global (EE.UU) como la emergente (La Nueva Alianza ruso/china) por la vía ejecutiva de las armas.

 

Por otra parte, debemos echar la mirada a una premisa clara: La OTAN actual no es la de hace unos pocos años, vive sus horas más bajas, ya no es la primera potencia global. La alianza ruso-china la aventaja claramente en tecnología, poder militar y económico y las tensiones entre una y otra no paran de crecer estando en estos momentos a punto de traspasar la línea roja del “no retorno”. Los desafíos, es cierto, llevan años siendo constantes por ambas partes pero en la actualidad, tras el espectacular salto adelante dado por las dos grandes super potencias asiáticas, en cualquier momento puede saltar la chispa de la confrontación. Veamos algunos ejemplos recientes: el miércoles pasado el destructor de la Royal Navy “Defender” sufrió disparos de advertencia por parte de un caza Shukoy-24 M de las fuerzas aeroespaciales rusas y de un navío de guerra de la misma nacionalidad cuando navegaba cerca de las costas de Crimea, al Suroeste de la base naval de Sebastopol, debiendo abandonar a toda prisa el área; otro, hace solo unas semanas Rusia acercó a su frontera Oeste con la OTAN en Ucrania más de cien mil soldados dispuestos a invadir dicha nación si osaba atacar en fuerza a las dos repúblicas pro rusas del Donbass; y uno más: en Siria hace solo unos días soldados rusos frenaron en seco el avance de una patrulla estadounidense permaneciendo durante unos minutos ambas formaciones en disposición de combate hasta que la yanqui emprendió la retirada.

 

Ante estas terroríficas circunstancias, con una guerra fría en plena efervescencia que puede calentarse en cualquier momento y con una confrontación híbrida de cuarta generación ya iniciada entre Oriente y Occidente aunque se desarrolle de momento solo en las vertientes de la cibernética, la psicología, la  economía, el poder financiero, la tecnología e, incluso, el terrorismo, la pregunta que se hace mucha gente a escala global y, en particular, los expertos y estudiosos de la geopolítica y la geoestrategia, se presenta diáfana y urgente. Y es ésta: ¿Estamos los habitantes de este convulso planeta a punto de sufrir una nueva III Guerra Mundial? ¿Es inevitable una III Guerra a escala global en el corto/medio plazo?

 

Pues para contestar adecuadamente a esta difícil pregunta (que lo quiero hacer, lo puedo hacer y estoy en condiciones de hacerlo inmerso como estoy desde hace años en el estudio de un posible enfrentamiento total Oriente/Occidente) después de que durante años muchos altos jerarcas mundiales dieran por muerta cualquier posibilidad de un nuevo estallido mundial tras la caída del muro de Berlín, conviene pasar revista al espectacular e inesperado salto a un nuevo estatus de primera  superpotencia mundial por parte de Rusia coincidiendo con la subida al poder de Vladimir Putin y, también, al fastuoso salto adelante tanto en la economía, la tecnología, el comercio y el poder militar dado por China en las dos últimas décadas, que han empujado  drásticamente la balanza en el liderazgo mundial del lado oriental. Por ello, me va a permitir el lector que a continuación ponga negro sobre blanco una reflexión, quizá un tanto técnica, dirigida a la todavía potencia dominante (EE.UU). Una, sin duda temeraria reflexión personal, que lleva implícitamente contestada la terrible pregunta que he lanzado al lector desde el encabezamiento del presente trabajo: Pues ahí va, amigos:

 

“Si en los próximos cuatro o cinco años Estados Unidos, en plena decadencia política, social, económica y, sobre todo, militar, no logra revertir su inferioridad económica con China y equipararse a Rusia en el terreno de la tecnología castrense accediendo a armas y sistemas aeroespaciales hipersónicos de sigilo operativo total dotados de inteligencia artificial y autonomía indefinida así como a los modernos dispositivos de control y destrucción de vectores enemigos mediante el láser, la electrónica o la radiología y, también, a los submarinos y drones acuáticos de radio de acción abisal de los que ya dispone la poderosa nación euroasiática… el mundo entero, antes de que finalice la presente década, asistirá estupefacto a una tercera conflagración global (en su fase caliente, pues en su fase de guerra híbrida enmarcada en un conflicto de cuarta generación ya se ha iniciado…). Si bien todo apunta a que ésta será de carácter no apocalíptico y con posibilidad incluso de que no dure años, ni meses, ni semanas ni días sino horas, solo horas… las imprescindibles para que las nuevas tecnologías militares a cargo del contendiente más adelantado desactiven todo el sistema defensivo del contrario. Con las máximas probabilidades, eso sí, de que el hasta ahora todopoderoso imperio occidental dirigido por la nación norteamericana salga derrotado en esa gran guerra cediendo el liderazgo mundial al emergente bloque euroasiático.

 

                                                     

                                  Madrid 25 de junio de 2021

                             Fdo. Amadeo Martínez Inglés, coronel, escritor e historiador.

 

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