España necesita con urgencia una “primavera política” si quiere sobrevivir.

Coronel Martínez Inglés.

 

HAY QUE ACABAR CUANTO ANTES CON EL APRENDIZ DE “RAIS” ATRINCHERADO EN LA MONCLOA.

 

Este virus político asesino con pinta de guaperas de barrio bunkerizado en La Moncloa, este homínido con pinta de “trans” procedente de sabe dios que bicho raro galáctico, este animal presuntamente racional (solo para lo que quiere) o cosa (rara) que preside el Gobierno de España con aires dictatoriales desde aquella tremebunda y alcohólica moción de censura de mayo de 2018 lanzada contra el inútil Rajoy… es (cada día que pasa nos quedan menos dudas a los españoles) un auténtico engendro político, un asalta caminos parlamentario, un depravado killer social, un engaña bobos partidario, un creador de ficción de primera magnitud, un lobo estepario “fuera de manada” mimetizado de cordero democrático de izquierdas que fagocita sin piedad a sus congéneres más cercanos para llevarse él solito la mejor tajada de la presa, una suerte de desgracia bíblica para todos los españoles presto a llevarse por delante el país entero si eso beneficia a sus espurios intereses personales, una especie de “rais” de medio pelo dirigiendo el cotarro en un país europeo pero de amplias reminiscencias árabes genéticamente encasillado entre Sadam Hussein y Gadafi al que, todos lo sabemos, le gustan los harenes, los palacios y los aviones personales más que a un tonto (que lo es)  una lata.

 

O sea, resumiendo que es gerundio y no quiero ser exhaustivo con semejante personajillo (que no se lo merece), este político que nos gobierna (es un decir) de escasa cultura y enfermizo currículo profesional adquirido en negro, no es otra cosa, a mi modesto entender, que una especie de “excremento político” pinchado en un palo clavado en la piel de un país covinizado y al borde del colapso como es la España actual, un triste país que lleva año y medio sufriendo los traidores embates de una pandemia que este mismo sujeto, con su negligencia, su improvisación, su impotencia y su necedad, ha potenciado hasta el infinito logrando llevar a España al podio aurífero (en esto sí y no con la puñetera vacuna) del mayor número de muertos por kilómetro cuadrado en todo el mundo.

 

Sí, sí, amigos, toda una desgracia para España el haber topado en una situación tan difícil como la que padecemos bajo los puntos de vista sanitario y económico, con semejante animal de bellota. En consecuencia, y mirando al futuro con cierta esperanza aunque con el rabillo del ojo puesto también en el retrovisor de lo pasado, no nos que más remedio como nación , como pueblo, como sociedad europea, democrática y avanzada y dejando de lado aunque sea por una vez nuestra inclinación ancestral al “borreguismo” y al absentismo social… que sacudirnos el polvo de la depresión, la angustia vital, el lloriqueo comunal, la vagancia, el miedo y el peloteo al que manda aunque sea tan impresentable como el que ahora nos toma el pelo todos los días ante las cámaras y los micrófonos, y tratar por todos los medios (en principio democráticos si este aprendiz de brujo autócrata hace lo mismo para seguir en el machito, si no ojo por ojo y diente por diente) de echarlo de su poltrona monclovita. Apoyándonos, faltaría más, en el irrenunciable principio de la legítima defensa.

 

Porque este frívolo personaje de atrezzo político que nos gobierna, además de todos los amables epítetos personales que acabo de pegarle en su estructura vital, es el responsable de variados delitos que algún día habrá que depurar por quien corresponda, o sea por los jueces a los que ahora desprecia y humilla. Entre otros, y de acuerdo con lo que acabo de manifestar en relación con la nefasta gestión de la pandemia, los miles y miles de presuntos delitos de homicidio por imprudencia manifiesta o negligencia culposa (ambas figuras contempladas en el Código Penal español) cometidos en las personas fallecidas por la impresentable gestión de la epidemia del covid-19 en sus horas iniciales, que propiciaron una auténtica hecatombe sanitaria (de 20.000 a 30.000 muertos) en las residencias de mayores. Con un Gobierno entrado en pánico e incapaz de articular una respuesta planificada y bien ejecutada a semejante órdago epidemiológico.

 

Pero es que hay más, mucho más. Hace unos días nos hemos enterado nada menos que por el Tribunal Constitucional que la respuesta gubernamental, alocada, precipitada, engañosa, ineficaz (muchas otras naciones no decretaron estado de alarma alguno y gestionaron la salida de la primera ola con daños colaterales ínfimos), sin proveer en tiempo y forma los apoyos logísticos necesarios para la lucha contra el virus, despojando de sus derechos fundamentales a millones de ciudadanos poniendo en peligro tanto su salud física como mental (el Gobierno de este indocumentado personaje llegó a  prohibir el poder realizar cualquier ejercicio físico fuera del hogar), fue ilegal. Que el Ejecutivo, para escaparse del control parlamentario, prefirió decretar unilateralmente un estado de alarma que constitucionalmente no permitía ejecutar las durísimas medidas puestas en juego, en lugar de someterse a la soberanía del pueblo implementando el estado de excepción. Un presunto delito sin ambages de ningún tipo, En un Estado democrático hay que gobernar con respeto a la ley y a los que la imparten. Una obviedad que este pequeño autócrata se salta un día sí y otro también.

 

Y seguimos. Este ínclito socialista que en teoría nos gobierna, para huir de las cada día que pasa más claras responsabilidades por las continuas estupideces y sinsentidos de las escasas decisiones que debe tomar una vez que ha puesto en marcha la nueva forma de gobernar España (la llamada por él mismo “cogobernanza” y que en realidad debería denominarse “vagancia presidencial”), no ha tenido reparo alguno en hacerse un “puigdemont” huyendo a bordo de su querido Falcon de la 45 Ala del Ejército del Aire español en el que ha montado su peculiar puesto de mando, no a Waterloo evidentemente pero sí a numerosos países sudamericanos, bálticos, EE.UU, Francia, Portugal… etc, etc.en un continuo periplo turístico pagado por todos los españoles y que él piensa cargar a los divinos fondos europeos del nuevo cuento de la lechera del panorama político español. Dejando la ardua tarea de combatir al covid-19 a barones y virreyes autonómicos creando así una suerte de moderno reino de taifas que deja en mantillas incluso a la legendaria torre de Babel.

 

Al ciudadano Felipe de Borbón, todavía okupa de La Zarzuela, no le da ni agua ¡faltaría más, siendo un republicano de pro! Lo trata de forma parecida a como Napoleón trató a sus antecesores Carlos IV y Fernando VII, es decir como a una marioneta VIP y, por supuesto, de acuerdo a sus intereses políticos y electoralistas. Y en los últimos días, como un cariñoso profesor de primaria con sus alumnos a los que les regala bolsas de caramelos, se ha permitido anunciar cesiones a las distintas autonomías de vacunas a punto de caducar y ¡cómo no! una parte sustancial del pastel bruselense en forma de unos millones de eurillos. Como si él y su egolatría fueran los dueños de todo ello. Y eso sin contar la última de sus cesiones chantajistas: hacer del aeropuerto del Prat el mejor de España; o de Catalonia, cuando “el Aragonés” (“el Maño” para los suyos) sea su presidente.

 

Lo malo de todo esto, amigos, es que la solución al grave problema que políticamente (también social y económicamente, pero en un segundo orden) tenemos los españoles es de difícil solución. Este pájaro de mal agüero, este gallito del corral patrio, es un “chantajeado consentido”, traga con todo por seguir en su poltrona, no le hace ascos a nada ni nadie en orden a conseguir sus metas políticas personales y espurias, es capaz de entregar a los que le sujetan el culo para que no se caiga a su propia madre si fuera necesario (si la tiene y mis respetos para ella en ese caso), a sus hijos, a sus amigos más íntimos, a los que le ayudaron a tejer su autoritario camino a ninguna parte. Y es capaz, vamos por ese camino, de destrozar el país, de fragmentarlo, de arruinarlo, de venderlo por las monedas que le hagan falta para seguir siendo el dictador que en realidad es.

 

 Es absolutamente necesario, y los políticos de este país deben de hacerlo, tomar medidas muy urgentes para que este vampiro político salga despedido de La Moncloa cuanto antes. Con medidas democráticas que las hay y muy efectivas (Gobierno de concentración, de salvación nacional, moción de censura, denuncias ante los tribunales, recursos de todo tipo con medidas cautelares…etc) y si esto no es suficiente y va a peor (y va a ir) y este hombre o lo que sea, sigue en sus trece y en su demencial camino de destruir España (“SÍ, SÍ, DESTRUIR ESPAÑA, LO PUEDE DECIR UNO ASÍ DE CLARO SEAN LAS QUE SEAN SUS IDEAS POLÍTICAS) invitando de una vez al pueblo, a la ciudadanía, a que se eche a la calle, a manifestarse masivamente y de forma perenne hasta que este  mentiroso compulsivo, esta aprendiz de sátrapa, salga por piernas de su escondrijo monclovita. Algo, en principio democrático (el derecho de manifestación es sagrado en una democracia) y que puede dar resultado. La denominada “Revolución de los colores” ha funcionado en algunos países europeos y asiáticos para sacar de su madriguera a autoritarios de tomo y lomo y en España puede hacerlo también a pesar de su legendaria diferencia.   Pero algo hay que hacer y pronto porque el rumbo que ha tomado este país con semejante loco capitán a los mandos nos lleva irremediablemente al caos y la ruina.

 

 

                                        Madrid 3 de agosto de 2021

 

                          Fdo: Amadeo Martínez Inglés, Coronel, escritor e historiador.

 

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