Putin le toma el pelo a Occidente.

LA GUERRA HÍBRIDA QUE ASOLA EL MUNDO

 

Pues sí, sí, amigos los dos conceptos que acabo de estampar negro sobre blanco en la cabecera del presente trabajo pienso que son ciertos y que convendría debatir con cierto rigor por parte de todos.

El presidente de Rusia, Vladímir Putin, lleva ya varios meses implementando una muy peculiar guerra psicológica contra EEUU y la OTAN con el claro objetivo de conseguir para su país una frontera occidental segura lejos de los misiles y los carros de combate trasplantados a Europa por la Administración yanqui. Y lo está haciendo, lo ha hecho ya, humillando y tomándole el pelo, más y mejor, a los dirigentes tanto de Europa (la mayoría de ellos señoras o señoritas muy poco preparadas para gestionar momentos de crisis con posible resultado de guerra) como de Estados Unidos, con el “vejete” Biden a la cabeza, que no está ya el pobre para muchas gaitas guerreras.

 

Por otra parte, el mundo lleva ya varios años, pues la cosa partió de aquella estúpida declaración de guerra económica contra China por parte del defenestrado presidente Trump, inmerso en una sofisticada y super moderna “guerra híbrida” o de cuarta generación (según la aceptada denominación de los estrategas del Pentágono) que comporta sucesivas y bien delimitadas acciones en el terreno de la psicología, la economía, la cibernética, la financiación internacional, el terrorismo, las fake news… etc, etc, que podríamos catalogar a día de hoy como una especie de Guerra Fría II y que, es de esperar, siga por algunos años en ese nivel geoestratégico limitado sin degenerar en otra confrontación mucho más caliente y destructiva que, esa sí, tendríamos que definir como III Guerra Mundial.

 

Porque, y esa es la madre del cordero de la deprimente situación  que vive el mundo en estos momentos, estas  dos guerras, la actualmente en desarrollo de carácter híbrido y la que puede venir en algunos años de carácter global (los estudios que vengo haciendo sobre ella apuntan a que, de acuerdo con las teorías del historiador Tucícides actualizadas recientemente por el profesor  Graham Allison director del Centro Belfer de Ciencias y Asuntos Internacionales en la Kennedy School de Harvard, ésta puede estallar antes de que termine la presente década con un pico de peligro en el bienio 2025-2027) obedecen al ciclo desestabilizador castrense que conlleva todo cambio de poder a escala global, es decir, en este caso concreto a la sustitución del imperio americano que ha dominado el mundo desde 1945 por el nuevo imperio euroasiático conformado por Rusia y China.

 

Pues centrándome ya de nuevo en las recientes andanzas del presidente Putin todo lo hecho por él en estos últimos meses, estimados amigos/as, es de manual de guerra psicológica, dentro de un contexto de órdago claro de expansionismo territorial a escala europea y mundial. Diseñado evidentemente por algún espabilado estratega ruso parapetado en el Kremlin detrás de la antes chulesca y ahora un tanto empática figura del mandatario eslavo. Tanto es así, que este investigador (si me lo permiten, con algunos conocimientos de Estado Mayor tras cuarenta años de carrera militar) se ha permitido ejercer de adivino, visionario o vidente de andar por casa en este enrevesado asunto, adelantando (con un resultado espectacular, por cierto) a determinados amigos y familiares cada paso que daba a lo largo de los días un Putin crecido, envalentonado y hasta divertido dentro del siniestro escenario de “invasión sí o no” que él mismo había montado con la estúpida colaboración, eso sí, del “vejete” Biden, el ubicuo Macron, el indocumentado Borrell, la angelical Ursula  Gertrud Von del Meyer y el payaso Jonson.  

 

Pues en esas estamos, amigos/as. Y como el militar que suscribe, echando mano nuevamente de sus conocimientos profesionales, no se cree en absoluto que el divino Putin vaya a detenerse en la línea roja que separa actualmente Donetsk y Lugansk del resto de Ucrania… las provincias todavía bajo mandato de Kiev limítrofes con esos territorios como Zapariyia, Dnipró, Poltava, Sumy y Chernigov, o sea todas al este del río Dniéper, y hasta la mismísima capital, pueden darse por jo……(ocupadas) por los carros, la artillería autopropulsada, la aviación  y la infantería rusa. Actuación de legalidad muy discutible pero que para estas fuerzas operativas del zar Putin será coser y cantar.           

 

Y todo ello, sin que la UE, el brazo tonto de la OTAN ( que por no tener no tiene ni Ejércitos poderosos, ni política exterior gestionada por otro “jubilata”, este europeo, ni una sola voz,  ni gas natural, ni ningunas ganas de meterse en un fregao guerrero con los emergentes estados euroasiáticos…) ni la propia OTAN, ni Estados Unidos, ni el vociferante Reino Unido  hagan lo más mínimo para parar al nuevo líder de la gran madre Rusia (que ciertamente tiene toda la razón al exigir fronteras seguras para su patria) salvo el implementar unas ridículas sanciones financieras y económicas que éste se va a pasar por el arco del triunfo ya que cuenta con el apoyo integral de la primera potencia económica global: China.

 

Esperemos sentados todos/as la nueva entrega de este culebrón geoestratégico y geopolítico que estamos viviendo los habitantes de este mundo post pandémico que se despereza y ahora se dedica a tirar por las aceras las mascarillas que le han salvado la vida. En el fondo de su ridículo y estúpido devenir, subyace con claridad manifiesta, como acabo de exponer líneas arriba, la muerte de un imperio (el yanqui) y el nacimiento de otro nuevo: el euroasiático. Que éste nos coja confesados a los europeos. No va a hacer falta el estar en gracia de Dios en los próximos años.

 

  Fdo: Amadeo Martínez Inglés, Coronel, escritor e historiador.

 

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