Unos derechos muy torcidos.

Nunca hemos sido de los que se sienten felices cuando les dan cuatro palos porque saben que al vecino le han dado diez. No tiene sentido. No queremos que le den palos a nadie. Con el asunto de los Derechos Humanos pareciera que esa sea la ley imperante: todo estupendo porque hay otros que están peor. Bueno, pues muy mal porque otros estén peor, y muy mal si nosotros no estamos todo lo bien que pudiéramos.

Una democracia, no se instaura ni consigue de la noche a la mañana; una democracia se construye, se mejora día a día. Acabada la dictadura de Franco, los pasos para adentrarnos en la democracia sabían a gloria, pero con el paso del tiempo, estamos obligados a seguir avanzando, a seguir mejorando, a seguir el camino para conseguir una democracia completa. Y no la habrá mientras no logremos que se cumplan de lleno los Derechos Humanos.

El pasado día 10 de diciembre, se celebraba el Día de los Derechos Humanos (día en que, en 1948, la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó la Declaración Universal de Derechos Humanos), y claro, la revisión y reflexión sobre ellos es obligada, en el mundo en general, pero por supuesto también en nuestro país. Y ahí vemos que aún nos falta mucho por mejorar en esta democracia, pero mucho.

Señal de alarma es el creciente aumento de la intolerancia, del racismo y la xenofobia, por poner unos ejemplos que con demasiada frecuencia acaban en violencia de cualquier índole: los delitos de odio se suceden a diario. Muy mala cosa para la democracia de un país.

La Declaración de Derechos Humanos es inequívoca en cuanto a la igualdad y equidad entre géneros, pero la brecha salarial parece que no pudiéramos sacudirla y quitárnosla de en medio, y lo que es peor, en muchos segmentos de la sociedad se da por normalizada o cuando menos por inevitable. No es cierto y supone un muy flaco favor para la salud democrática.

Podemos irnos a la distribución de la riqueza y observar cómo personas que trabajan, viven instalados en la pobreza, cómo se les imponen horarios y condiciones inhumanas. No nos puede servir el que en otros lugares del mundo estén peor, ya se ha dicho: muy mal por aquello y muy mal por esto.

El Consejo de Derechos Humanos de la ONU aprobó una resolución que reconoce que vivir en un medio ambiente sin riesgos, limpio, saludable y sostenible es un derecho humano sin el cual difícilmente se pueden disfrutar de otros derechos, como a la salud o incluso a la vida. Observamos cómo en nuestro país sigue en muchos sectores esa idea de “si pago contamino”. Las políticas sobre medio ambiente son aún muy mejorables en nuestra democracia.

El acceso a la vivienda se hace para muchas personas en España un imposible, y viven en condiciones lamentables de protección y salubridad. No son casos extraños ni aislados, aunque a muchos sí les queden muy distantes e imperceptibles. Este sistema, hoy por hoy, no sólo tiene fallos en lo más básico (nutrición, vivienda, salud, igualdad, …) sino que desarrolla medios para taparlos o incluso para que sean aceptados.

Por todo ello, iremos observando un arco en el que habrá quienes quieran recortar en democracia o simplemente quienes dan por buena la que se tenga, pero creemos que la mayor parte de la gente quiere apostar por su continua mejora y optimización. Se debe empezar por reconocer los problemas, sin taparlos, para ir poniendo soluciones. Tenemos unos Derechos Humanos muy torcidos y el compromiso con su mejora, y por tanto con el de la democracia, es hoy, es siempre.



@CPuenteMadera

 

El Colectivo Puente Madera está formado por Enrique Cerro, Esteban Ortiz, Eva Ramírez, Elías Rovira y Javier Sánchez.

 

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