¡Cuidado Europa! EEUU ya no es «el primo de Zumosol».

El mundo camina a pasos agigantados hacia un cambio de liderazgo, hacia un cambio en la jefatura global, hacia un nuevo imperio que sustituya al que durante los últimos cien años ha dominado y expandido un poder absoluto sobre la práctica totalidad del planeta Tierra. Pero tamaño cambio político, social, económico y militar no está exento de riesgos como ya puso negro sobre blanco en su célebre libro “La guerra del Peloponeso” el insigne historiador Tucícides (“El rápido cambio en el balance de poder entre dos potencias rivales causa una inexorable tensión estructural letal que lleva inexorablemente a la guerra”) sino más bien todo lo contrario, se presenta lleno de peligros para la humanidad entera, entre ellos el posible estallido de una guerra a escala mundial.

 

Una confrontación global, en realidad ya iniciada en su forma híbrida o de cuarta generación, desarrollándose en la actualidad en el terreno del ciberespacio, la psicología, la economía, las finanzas, la tecnología, el comercio, el terrorismo, la carrera armamentista y… presuntamente, la biología, entre los dos grandes bloques que ya se disputan a día de hoy el liderazgo global: el oriental o euroasiático liderado por Rusia y China y el occidental dirigido por EEUU y la OTAN.

 

Enfrentamiento híbrido o asimétrico que podría convertirse, en el muy probable caso de que la humanidad entera no logre pararlo en el corto/medio plazo (cinco o seis años), en una guerra general del tipo convencional avanzada (no nuclear o nuclear limitada al campo táctico) de muy corta duración con misiles hipersónicos y drones aéreos y acuáticos como puntas de lanza. Y excepcionalmente, muy excepcionalmente, si el bloque perdedor en ese pulso bélico limitado no se diera por vencido, en una guerra total con empleo masivo de vectores atómicos estratégicos de carácter aeroespacial. Esto último algo totalmente impensable a día de hoy desde el punto de vista de la racionalidad y el afán de supervivencia de la especie humana, por lo que todos esperamos que nunca llegue a materializarse semejante posibilidad. Eso sí, con total seguridad y en todo caso, serán ya historia pasada (salvo excepciones muy puntuales y limitadas) las grandes batallas tipo II Guerra Mundial, con millones de soldados y miles de tanques sobre el terreno, enjambres de aviones en el cielo y centenares de buques sobre o bajo el mar.

 

       En estos momentos cruciales para Europa y el mundo, Ucrania representa una línea roja para los dos bandos enfrentados por el nuevo liderazgo mundial y el peligro de que esta nación, objeto del deseo para americanos y rusos pero especialmente para estos últimos porque, además de ser ex soviética, su eventual incorporación a la OTAN supondría poner los futuros misiles hipersónicos yanquis (cuya tecnología todavía no consigue desentrañar el tío Sam pero que llegarán tarde o temprano a la panoplia de armas de última generación estadounidenses) a 5-7 minutos de Moscú. Algo totalmente inaceptable para los generales rusos y su líder máximo Vladimir Putin.              

 

El gran problema con el que se enfrenta en estos cruciales días la UE, y de ahí que no le convenga en absoluto adoptar una postura demasiado intransigente en el “diálogo para besugos” que hace escasas horas se ha materializado en Ginebra y Bruselas con americanos, rusos y “otánicos” como protagonistas de un enredo geoestratégico y geopolítico de muy difícil solución si obviamos  la pura y dura de los tanques y los misiles, es que los Estados Unidos de Norteamérica ya no son (la salida en tropel de Afganistán con el rabo entre las piernas lo ha dejado bien claro), ni pueden serlo, ni seguramente quieren seguir siéndolo digan lo que digan porque les cuesta un ojo de la cara tal misión que ejercen desde la II Guerra Mundial… “el primo de Zumosol” en relación con las acobardadas y negligentes en materia de defensa naciones europeas, que llevan décadas escondiéndose detrás de los musculosos hombros del líder americano. Y esta circunstancia de indefensión es muy grave y muy difícil de solucionar a corto/medio plazo porque un futuro Ejército europeo no se improvisa de la noche a la mañana tal como está en la actualidad el altísimo nivel de la tecnología militar. 

 

Y un aviso a navegantes muy personal, y con esto termino, dadas las dramáticas circunstancias actuales que vive el mundo:

 

“Si en los próximos cuatro o cinco años Estados Unidos, en plena decadencia política, social, económica y, sobre todo, militar, no logra revertir su inferioridad económica con China y equipararse a Rusia en el terreno de la tecnología castrense accediendo a armas y sistemas aeroespaciales hipersónicos de sigilo operativo total dotados de inteligencia artificial y autonomía indefinida así como a los modernos dispositivos de control y destrucción de vectores enemigos y satélites militares mediante el láser, la electrónica o la radiología y, también, a los submarinos y drones acuáticos de radio de acción abisal de los que ya dispone la poderosa nación euroasiática… el mundo entero, antes de que finalice la presente década, puede asistir estupefacto a una tercera conflagración global. Si bien todo apunta a que ésta sería de carácter no apocalíptico y de muy corta duración dadas las posibilidades de que el bando más adelantado tecnológicamente (en principio, a día de hoy, el euroasiático) desactive en cuestión de horas toda la estructura defensiva del contrario. Con las máximas probabilidades, en ese caso, de que el hasta ahora todopoderoso imperio occidental dirigido por la nación norteamericana salga derrotado en esa gran guerra y ceda el liderazgo mundial al emergente bloque del Este”.

 

 

                                    Coronel Amadeo Martínez Inglés, Coronel, escritor e historiador. Diplomado de Estado Mayor por las Escuelas de guerra de España y Argentina. Ex profesor de Estrategia e Historia Militar en la Escuela de Estado Mayor española.

 

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