Julio de 1936: la burguesía organiza la guerra civil en España, por Carlos Hermida

Se cumple este mes de julio el octogésimo aniversario del comienzo de la Guerra Civil española (1936-1939).  El 17 de julio de 1936 comenzó el golpe militar en el Protectorado marroquí y al día siguiente la sublevación se extendió por el resto de España. Aunque se han escrito miles de libros sobre la contienda, tratando los más diversos aspectos, el desconocimiento de esta guerra por parte de una buena parte de la sociedad española, y en particular las jóvenes generaciones, es preocupante; sobre todo, porque a ese desconocimiento se unen tergiversaciones y tópicos que, difundidos durante la larga dictadura franquista y propalados después por el revisionismo neofranquista encabezado por Pío Moa, han arraigado profundamente en la población.  Conviene, por tanto, dejar claro  algunas cuestiones fundamentales en relación con el hecho más importante de la historia española del siglo XX.

Ante todo, la guerra no fue consecuencia de la evolución política de la II República. La República no condujo a la guerra, como afirma con ligereza y mucha mala intención la derecha de este país. La guerra civil fue organizada, preparada y planificada por la oligarquía a agraria y financiera, con el apoyo de la Iglesia Católica, y el brazo ejecutor de la conspiración fue un sector del Ejército. Conocemos la trama civil, los partidos y organizaciones sociales que conspiraron contra el gobierno republicano, que representaba la legalidad y la legitimidad política y jurídica, y encarnaba la soberanía nacional. Las clases dominantes utilizaron la guerra para aplastar a las clases populares,  destruir el proyecto reformista y modernizador republicano e implantar el fascismo.

La guerra civil no fue una lucha fratricida como escuchamos en tantas ocasiones, sino una guerra de clases, en la que el gran capital estaba al lado de la sublevación y la clase obrera y los campesinos sin tierra defendieron la legalidad republicana. La afirmación de que todos fueron culpables, tanto la derecha como la izquierda, con sus actitudes irreconciliables, es una burda manipulación cuyo objetivo es ocultar la verdadera responsabilidad del conflicto. Los responsables fueron Juan March, Gil Robles, Calvo Sotelo, José Antonio Primo de Rivera, Franco, Mola y tantos otros que no dudaron en desencadenar una guerra para mantener sus privilegios de clase.

También forma parte de las tergiversaciones interesadas afirmar que en las dos retaguardias se cometieron asesinatos y que la represión fue similar en las dos zonas. Numerosos estudios han clarificado hace tiempo este tema. La represión en el bando rebelde fue sistemática, con ánimo de exterminar, dirigida por las autoridades militares. Tuvo un carácter genocida. En la retaguardia republicana, la represión fue desencadenada por el odio que provocó la rebelión militar y tuvo en la inmensa mayoría de los casos un carácter espontáneo, pero en modo alguno estuvo dirigida por el gobierno. Hay que tener en cuenta que en los primeros momentos del conflicto el Estado desapareció en la zona republicana, sustituido por múltiple comités y milicias que actuaban por cuenta propia. Las autoridades republicanas hicieron siempre llamamientos a la calma, a evitar los excesos, mientras que los sublevados incitaban a sembrar el terror. Son suficientemente conocidas las declaraciones de Queipo de Llano, Franco, Mola y  Yagüe al respecto.

Otro de los tópicos reiterados es el que convierte al Partido Comunista  en un instrumento de Moscú para establecer un régimen soviético en España. Muy al contrario. El PCE defendió en todo momento que el objetivo de la guerra era la defensa  de la República democrática y no el establecimiento del socialismo. Lo reiteraron una y otra vez sus principales dirigentes. El pueblo español luchaba por la independencia nacional, contra el fascismo, por una República que llevara a cabo transformaciones económicas y sociales profundas, pero no combatía para implantar un modelo soviético. La revolución española se inscribía en el marco democrático-burgués. Por el contrario, los anarquistas y los trotskistas mantuvieron que solo llevando a cabo una revolución anticapitalista sería posible ganar la guerra. Ignorando las condiciones internacionales y la necesidad de mantener durante la guerra la política de Frente Popular, llevaron sus postulados hasta la insensata sublevación de mayo de 1937 en Barcelona. En plena lucha contra el fascismo, se sublevaron contra el gobierno, provocando un enfrentamiento que solo beneficiaba al fascismo. La actitud de la CNT y el POUM solo puede calificarse de criminal.

Las causas de la derrota republicana son complejas, pero la actitud de Francia y el Reino Unido, las llamadas democracias occidentales, fue decisiva en el resultado final de la contienda. El anticomunismo visceral de la burguesía francesa e inglesa les inclinaba claramente hacia los dictadores fascistas. La victoria de Franco garantizaba mejor sus intereses económicos en España y no dudaron en aislar al régimen republicano con la farsa del Comité de No Intervención. Frente a este aislamiento, solo la URSS, junto con México y las Brigadas Internacionales, acudieron en auxilio de la República. La ayuda soviética fue decisiva para que los republicanos pudieran hacer frente a los franquistas durante tres años de lucha. Ignorando toda la documentación disponible, especialmente las aportaciones de Ángel Viñas, trotskistas y anarquistas siguen difundiendo la calumnia de que Stalin traicionó a la República al vender armas obsoletas a un precio desmesurado.  Aquí hay una cuestión de sentido común. Si las armas soviéticas eran poco menos que piezas de museo, ¿cómo es posible que el ejército republicano pudiera   enfrentarse durante  tres años al ejército franquista, abastecido masivamente con moderno armamento alemán e italiano?

La Guerra Civil no debe olvidarse. Debe permanecer viva en la memoria histórica de los trabajadores. En primer lugar, para ser conscientes de hasta dónde llega la burguesía en la defensa de sus intereses. Las clases dominantes han empleado y emplearán siempre la violencia más salvaje para mantener su dominación. Los trabajadores no deben olvidar esta enseñanza y prepararse para la lucha contra el fascismo.

Durante tres años el pueblo español ofreció al mundo una lección de dignidad, enfrentándose al fascismo con valor, con decisión y heroísmo sin límites. Víctima de la agresión criminal de un sector del Ejército, apoyado por la Alemania nazi y la Italia fascista, la República española fue capaz  de resistir en circunstancias dificilísimas, de poner en pie un Ejército Popular, y ser durante tres años un referente, una luz potente, para todos los antifascistas del mundo. En este octogésimo aniversario, rendimos un sentido homenaje a todos los hombres y mujeres que combatieron al lado de la República. Porque escribieron una página de la Historia que siempre se recordará.

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