Las fuerzas armadas deben hablar.

Ante la gravísima situación en la que se debate este país bajo el Gobierno de Pedro Sánchez

 

LAS FUERZAS ARMADAS DEBEN HABLAR

 

(y en su caso, actuar…con arreglo a su mandato constitucional)

                                                                     

El artículo 8.1 de la Constitución española dice lo siguiente:

 

“Las Fuerzas Armadas, constituidas por el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire, tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional”

 

La misión de los Ejércitos españoles, amigos, está expuesta en el texto constitucional con una super diáfana claridad. Únicamente la tercera misión que la Carta Magna encomienda a las FAS podría ser objeto de debate (y así lo he suscitado yo mismo en algunas de mis conferencias y escritos) en el sentido de que así como las dos primeras se refieren a sujetos de carácter indeleble e irrenunciable como son la soberanía e independencia de España y su integridad territorial, la última, el ordenamiento constitucional, puede ser cambiado, modificado, sustituido con arreglo a la voluntad del pueblo soberano y así ha sucedido a  lo largo de la historia, alguna vez con consecuencias dramáticas. Ahora bien, no por ello la misión a los Ejércitos recogida en el artículo 8.1 pierde nitidez y éstos deberán estar atentos a respetar, y hacer que los demás también lo hagan, el orden constitucional legal, el vigente, el elegido en última instancia por el pueblo, en estos momentos en España el propio de un Estado democrático y de derecho.

 

¿Y contra quién deberían actuar las FAS españolas para cumplir con su misión constitucional? Pues resulta de una obviedad escandalosa. Contra todo aquél (persona, grupo, partido, nación, grupo terrorista, mafia, cártel asociación, fuerza militar… etc, etc) que ponga en peligro aquello que la Constitución ordena garantizar y defender. Normalmente en el caso de la soberanía e independencia de España y su integridad territorial parece lógico pensar que la respuesta castrense debería estar enfocada y planificada de cara a un enemigo exterior, y así figura en los planes defensivos de los Estados Mayores de los tres Ejércitos, pero en el tercer caso, si hablamos de la defensa del orden constitucional vigente, no cabe la menor duda de que el abanico de posibles transgresores de ese orden se ensancha y  prioritariamente alcanza a posibles y probables enemigos interiores.         

 

El independentismo catalán amenaza seriamente la integridad territorial y el ordenamiento constitucional español amparándose, protegiéndose, pactando, negociando el apoyo político y económico del actual Gobierno del presidente Sánchez que se ha convertido así en amigable “cooperador necesario” ante una eventual segregación de Cataluña del resto de España. Las sucesivas líneas rojas que este Ejecutivo ha traspasado día tras día, preso de la insensatez y la temeridad ciega de su presidente cuya última acción en cartera, el indulto a los responsables del órdago separatista en contra de los más altos tribunales de la justicia española y del sentir de la inmensa mayoría del pueblo español, lo puede convertir de facto en sutil enemigo interno de la nación española, a un paso de la traición al Estado español pura y dura, abriendo la puerta así a una gravísima situación política y social de consecuencias imprevisibles.

 

  Ante una situación tan atípica, incongruente, anómala, de una indiscutible suprema gravedad a cargo del Ejecutivo socialista que nos gobierna, que amenaza seriamente la existencia misma de este país y que se suma a otra serie de actuaciones de sus distintos ministerios de dudosa legalidad e incompetencia descarada entre las que se encuentran la malísima gestión de la pandemia del coronavirus, la interminable crisis económica minimizada con el fastuoso cuento de la lechera de los mágicos fondos europeos que nunca llegan y, no digamos, las últimas decisiones arbitrarias, alocadas e inconvenientes para la seguridad de España en el ámbito internacional implementadas por el departamento de Exteriores… las Fuerzas Armadas españolas ¡deberían intervenir ya! sin demoras ni complejos de ninguna clase, haciendo oídos sordos al fantasma del golpismo, porque cada día que pasa con el virus político maligno del sanchismo en La Moncloa la recuperación de la tan ansiada normalidad (y ahora, evidentemente no me refiero a la sanitaria sino a la política y social) será más difícil y trabajosa.

 

Dicha actuación, no exenta de riesgos y susceptibilidades, debería consistir en principio en alertar al pueblo español del pantano existencial en el que lo está metiendo a marchas forzadas el “loco Pedro” y, en caso necesario, si la situación no fuera rápidamente enmendada por semejante sujeto maligno, actuando sin complejos en cumplimiento del clarísimo mandato constitucional que portan en su mochila todos y cada uno de los uniformados españoles. Y si a alguien en estos delicados momentos por los que discurre la nación española no le gusta que los militares tengan tamañas e importantísimas misiones deberá explicar por qué se ha callado los más de cuarenta años que lleva en vigor la Constitución del 78 y a continuación promover el oportuno cambio en el famoso artículo 8.1 de la misma. ¡Todo, amigos, menos esperar sentados a que este país, el nuestro, el vuestro, el de todos los españoles, con el rumbo de implosión que lleva salte por los aires masacrado, disgregado, envilecido, arruinado, muerto… por unos cuantos canallas que viven, medran y rapiñan amparándose en la bandera de la democracia, la libertad y el Estado de derecho!

  

                                       Madrid 28 de mayo de 2021

                                        Fdo: Amadeo Martínez Inglés, Coronel, escritor e historiador.

 

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